¡Ven, Espíritu Santo!
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro,
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga;
matando, muerte en vida la has trocado!
¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!
Semana Santa
Ahora ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, el anuncio de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado.
(…) Nuestro Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras suyas: El que tenga sed, que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre que se lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ni conoce el ocaso su radiante esplendor, sino que está siempre a punto para iluminar las mentes que así lo desean.
Esta fiesta nos sostiene en medio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en esta fiesta. Éste es el prodigio de su bondad: que él reúne para celebrarla a los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.
De las Cartas Pascuales de San Atanasio, obispo de Alejandría, S. IV
Nuestra familia de carmelitas descalzos, descalzas y seglares le da la más calurosa bienvenida
Nuestra familia de carmelitas descalzos, descalzas y seglares le da la más calurosa bienvenida. Con la sencillez que nos han transmitido nuestros padres y nuestras madres en el Carmelo, le abrimos la puerta de nuestro corazón. Cuente con nosotros, Santidad, con estos sus hijos e hijas en Cristo Jesús.
Nuestra Santa Madre Teresa nos enseñó a vivir el don de la fe en comunión de amor con la Iglesia, en espíritu de obediencia al Vicario de Cristo, poniendo nuestras vidas al servicio del Reino. Esto hicimos con sus predecesores y esto haremos con usted.
Manteniendo en nuestro corazón un sentimiento de profunda gratitud hacia su predecesor Benedicto XVI, cuya vida tanto nos ha ayudado a poner los ojos en Cristo, hemos vivido con serenidad confiada, oración expectante y gozo emocionado la elección del nuevo Papa. Cada día le decíamos al Señor: “Muéstranos al que has elegido para guiar la nave de Pedro en este tiempo de gracia”. Y ahora que le hemos visto, acogemos en Su Santidad a aquel a quien Dios nos ha enviado.
Gracias de corazón por haber dicho sí. Imaginamos que no habrá sido fácil hacerlo frente a las arduas tareas que le esperan. Pero hemos visto en su rostro la humildad verdadera de quien se ofrece como instrumento del Señor, del que deja que sea Él mismo quien obre a través de sus palabras, de sus decisiones, de sus acciones. En Su Santidad hemos reconocido una vez más la obra del Espíritu, su fuerza renovadora, que guarda continuamente sorpresas para sus fieles y por esto damos gracias a Dios.
Santo Padre, querríamos decirle con un poco de atrevimiento que deseamos ser sus amigos. Querríamos que nuestra familia del Carmelo sea para Su Santidad como una nueva Betania, donde pueda descansar de sus fatigas y donde, juntos, podamos hablar de las cosas que más amamos: de nuestro Amigo Jesucristo, de su Iglesia, de los más necesitados de nuestro tiempo. El nombre que ha escogido nos anima a hacerlo: es el nombre de quien, siguiendo las huellas de Cristo, ha querido ser siempre el más pequeño entre sus hermanos.
Seremos con usted misioneros cuando se pondrá en camino para anunciar el Evangelio a todo el mundo. Nos uniremos a Su Santidad cuando proclame con valentía y fuerza la paz y la justicia del Reino de Dios. Cuando aparezca la cruz, nos tendrá a su lado para abrazarla junto a usted. Y estaremos a su lado, también, cuando se retire en oración para hablar al Corazón de Jesús.
Ponemos su pontificado bajo la protección de María, que para nosotros es “Flor del Carmelo, Viña florida, Esplendor del cielo, Virgen fecunda, Madre tierna, Estrella del mar”.
¡Que Dios le bendiga!
Sus hijos e hijas del Carmelo Descalzo.
Saverio Cannistrá, ocd
Roma, 13-3-2013
¡Gracias de todo corazón, Santidad!
¡Gracias de corazón, Santidad!
Es esto lo que sentimos la necesidad de decirle después de que la noticia de su renuncia al ministerio pontificio haya alcanzado a nuestra familia de carmelitas descalzos y descalzas con la velocidad de un rayo, de norte a sur, de este a oeste. Sus palabras nos han conmovido profundamente.
Entre los sentimientos que nos inundan, prevalece en nosotros sobre todos la gratitud. Como tantos millones de fieles en todas las partes del mundo, también nosotros, miembros del Carmelo teresiano, monjas, frailes y laicos, queremos expresarle nuestro grande y sentido reconocimiento.
En estos años de servicio de su parte a la Iglesia desde la sede de Pedro, hemos visto en usted una puerta abierta que cruzar para creer en Jesús y de esto no podremos nunca agradecérselo suficientemente, con todo el calor y la pasión heredados de nuestra Santa Madre Teresa. Nuestro corazón, al cual llegaba día tras día con delicadeza y profundidad su anuncio del Evangelio, se ha dejado plasmar de sus palabras de Padre y Maestro. Con alegría y fe hemos recorrido el camino al que ellas invitaban, gustando cada día más la belleza de la fe. Y permítanos hoy, Santo Padre, que contemplemos su vida y su ejemplo a la luz de los versos de San Juan de la Cruz: “Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya solo en amar es mi ejercicio”.
En su mensaje nos ha dicho que ahora su servicio a la Iglesia se expresará sobre todo en la oración ¡Qué bien entendemos el valor y la grandeza de este servicio en el Carmelo teresiano! Permítanos acompañarle en este nuevo viaje en busca del Amado.
Querríamos decirle con simplicidad que todavía tenemos necesidad de usted y que, si no podremos gozar más de sus palabras, contamos con su amor silencioso, con su oración escondida y con su intercesión fraterna. La debilidad que hoy experimenta la cambiará Dios para nosotros en fuerza capaz de animar nuestro empeño de cristianos y de religiosos.
Dios es quien marca los caminos y, ciertamente, sus caminos no son nuestros caminos. Santidad, querríamos tenerle siempre con nosotros, para continuar escuchando su voz de Pastor que nos aseguraba y nos animaba a atravesar las cañadas oscuras de la vida. Sepa que estamos viviendo con dolor su decisión de retirarse, pero en sus palabras sentimos resonar aquellas de Jesús a sus discípulos: “Si me amarais, os alegraríais porque voy al Padre”. Estamos seguros de que, como Jesús, también usted, Santidad, al retirarse, nos comunica el Espíritu que le ha acompañado desde las frescas mañanas de su infancia hasta el atardecer de estos últimos años.
Cuente con nuestra pobre oración. Es el único modo en el que podemos expresarle nuestro gracias por la misión que ha realizado con valor, con dignidad, con firmeza y, sobre todo, con verdadera humildad. Su testimonio nos anima a dar la vida en un momento de una necesidad tan grande para la Iglesia. Como decía Santa Teresa: “¡Dichosas vidas que en esto se acabaren!”
Encomendamos sus intenciones a María, Reina y Madre del Carmelo, que siempre nos conduce a Jesús, en cuyo obsequio queremos vivir.
P. Saverio Cannistrà,
superior general de los carmelitas descalzos
Roma, 12 de febrero de 2013
Cuaresma: Un tiempo de peregrinación hacia nuestro interior
Con un gesto tan sencillo como es el ponerse un poco de ceniza en nuestra cabeza, hemos comenzado el tiempo de Cuaresma. Tal vez te preguntes ¿qué es la cuaresma y cómo la puedo vivir? Pues bien, la cuaresma es un tiempo que no es otra cosa sino “un tiempo de peregrinación hacia nuestro interior”. Un tiempo para hacer realidad un objetivo que encontramos dentro de nuestro corazón de una forma u otra: VIVIR CONECTADOS, conectándonos con Dios desde nuestro interior.
Santa Teresa de Jesús nos dice a cada uno de nosotros que somos como un castillo, y que dentro de ese castillo hay muchas habitaciones, unas grandes, otras más pequeñas, pero que en el centro podemos encontrar la habitación más importante, que no es otra sino el interior de la persona, nuestro interior, nuestro centro. Ese lugar donde se gesta todo lo bueno que sale de nosotros y que nos hace brillar con luz propia.
Y ¿cómo podemos entrar dentro de nuestro castillo? ¿Cómo podemos acceder a esa habitación tan importante para conectarnos con Dios? La respuesta nos la ofrece la propia Santa Teresa de Jesús: la puerta para entrar en el castillo es la ORACIÓN. Ante la falta de silencio interior, de confianza, la oración nos ayuda a profundizar en nuestra amistad con Cristo para conocerle más y amarle más. Para ponernos en camino con Él y hacia Él.
Por eso, el tiempo de CUARESMA es también un camino, un continuo deseo de transformación, de cambio, un anhelo de parecernos un poco más a Cristo. Por eso es necesario que cambiemos una serie de actitudes que nos impiden alcanzar ese fin. Y Teresa de Jesús nos ofrece tres soluciones:
Si creemos que somos los mejores y que todo lo hacemos bien. Si vemos que en nuestra vida hay arrogancia, egoísmo, ira, soberbia; la HUMILDAD que es la mejor forma para caminar por la vida.
Si estamos cansados de ver tanta gente desamparada o sola. De ver nuestro corazón roto por el egoísmo, la envidia, la intolerancia o la maldad; el AMOR y la CARIDAD que dan valor a todas las cosas que hacemos.
Y si no podemos caminar por el peso de tantas torpezas como podemos tener en el corazón y que son como cadenas; el DESASIMIENTO O LIBERTAD que nos hace tener un corazón abierto y generoso para acoger a Dios y a nuestros semejantes.
¡Feliz CAMINO HACIA LA PASCUA!
Fr. David Alarcón. OCD
Reunión de Coordinación
Este sábado 26 de enero, a partir de las 10 de la mañana, nos encontraremos los distintos responsables de los grupos que pertenecen al Carmelo Joven en la Parroquia de Santa Teresa y San Jose en Madrid.
En el orden del día tenemos muchos temas para tratar: el próximo Encuentro Ibérico, Pascuas, Encuentros de Verano, el centenario de Santa Teresa… todo para seguir acercando a los jóvenes el carisma de Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
¡Estado atentos a esta pagina y a las redes sociales (facebook, twiter, tuenti…) porque próximamente tendremos novedades!
¡Feliz Fiesta de San Juan de la Cruz!
Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.
Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieres aceptar, y hágase.
Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío? ¿por qué te tardas?
Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi poca cosa, pues la quieres, y dame este bien, pues que tú también le quieres.
¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío?
¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?
Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son mío, yla Madrede Dios y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre.
Sal fuera y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.
Diptico del II Encuentro Ibérico
Descarga en el siguente enlace el diptico con toda la informacion del encuentro: EI2012





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